Los dos tratados incluidos en este volumen se integran dentro de la copiosa serie de comentarios al libro del Génesis escrita por el santo obispo a lo largo de los años que pasó al frente de la diócesis de Milán (374-397).
El primero se centra en la historia de los hijos de Jacob y, más concretamente, gira en torno a la bendición –de ahí el título que buena parte de la tradición manuscrita da a este texto (De benedictionibus patriarcharum)–, o más bien en torno a las profecías con las que el santo patriarca se despidió de cada uno de ellos en su lecho de muerte. A la vez, de modo paralelo, Ambrosio reproduce las palabras que en el Deuteronomio, siglos más tarde, dedica-ría Moisés a cada una de la tribus que llevaba el nombre de esos patriarcas.
El segundo recibe su nombre del precepto dentro de la Ley mosaica (Nm 35, 9ss.) por el que se destinan seis ciudades, dentro de la tierra prometida, para que sirvan de refugio a los homicidas que han cometido ese delito inadvertidamente, a fin de protegerlos de la venganza de sangre. Pero el autor despliega a lo largo de sus páginas todo un programa de vida moral, encaminado a liberar al alma de los lazos con la carne y el mundo, para perseguir, hasta con-seguirla, la plena identificación con el sumo Bien, una aspiración que solo se conquista a través de la completa unión con el Dios único, previa huida de los afanes de este mundo.
Estas dos obras se unen por el uso que el autor hace en ellas del judío alejandrino Filón. La presencia de su influjo es tan masiva que Ambrosio fue tenido por el Filón cristiano. Esta traducción, la primera publicada en español, matiza el alcance y sentido de esta influencia.
Autor
San Ambrosio es uno de los grandes Padres de la Iglesia de Occidente, junto a San Agustín -en cuya conversión tuvo tanto influencia- y San Jerónimo. Nació hacia el año 339 en Tréveris, donde su padre era prefecto de las Galias. Tras la muerte prematura del padre su familia se trasladó a Roma, donde el joven Ambrosio recibió una educación esmerada llegando a ser jurista y ejerciendo la abogacía. Hacia el 370 fue nombrado gobernador de las provincias de Liguria y Emilia, con residencia en Milán. Pocos días después de su bautismo en diciembre del 374 -a la muerte de Auxencio, obispo arriano de Milán-, Ambrosio fue elegido por el pueblo para ocupar la sede episcopal milanesa, en la que permanecería hasta su muerte ocurrida en diciembre del 397. Al frente de la Iglesia de Milán, Ambrosio se manifestó enseguida niceno, como lo era su propia familia, y se opuso fuertemente al arrianismo. Tenía el genio latino del derecho y del gobierno, junto a la sabiduría práctica del pastor y la espiritualidad del místico. Tuvo gran influencia en los asuntos políticos del Imperio. Sus obras son numerosas: exegéticas, morales, ascéticas, dogmáticas y varias. Fue el gran doctor de la virginidad, verdadero Padre de los pobres y de los perseguidos, con desprendimiento generoso no sólo de sus propios bienes, sino, también, cuando lo consideró necesario, de los tesoros de la Iglesia. En suma, fue un obispo de cuerpo entero, un "hombre de Iglesia".
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